Cuesta tu perdón

Noviembre 11

Viajé cientos de kilómetros y hasta aquí llegaste a perseguirme, doloroso recuerdo. Y aunque he luchado, aún no logro huir de unas palabras que me atormentan, que siendo las más bellas se me clavan en el corazón y me entristecen.

El tiempo hará lo suyo y volverá la tranquilidad. Por ahora sólo hay que aguantar. Y aguanto de Tu mano, es lo único que puedo hacer. Imaginar que me abrazas muy fuerte mientras pasa esta tormenta de mi corazón. Vaya prueba, Señor. Sé que tienes tus maneras de darme tu perdón. Sé que cuesta demostrarte que estoy comprometida con tu voluntad. Lo sigo intentando hasta poder porque ahora sé que te tengo a Ti. No me sueltes.

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Sedúcenos, Señor

Noviembre 12

“Es imposible conocerte y no amarte, es imposible amarte y no seguirte”

Ayer, estaba sentada como siempre en la penúltima banca, donde me gusta sentarme. Era otra ciudad, otra gente, pero era tu mismo espacio, era tu casa. Por necedad, tal vez, es una ciudad a la que no le tengo un afecto especial, la evito. Pero nunca había entrado a una eucaristía estando aquí.

Desde el primer momento me golpeó. Tú sabes porqué y te pido de nuevo me perdones. Tenía las lágrimas queriendo asomarse y espero de todo corazón hayan servido para mostrarte mi dolor sincero por mis faltas. Luego vinieron las lecturas y tal vez fue producto del calor, del clima suavemente templado, sentía latir mi corazón. De verdad lo sentía, cosa que en mi ciudad de clima frío no sucede. Estaba dentro de mi pecho latiendo con consistencia.

Y luego los cantos, y fue verdaderamente como si estuviera en comunión con los santos. No lo puedo explicar pero así fue, con mis ojos cerrados, así lo sentí. Los lugares que han sido tan golpeados por la violencia, a mi forma de ver, sucede porque han estado o estuvieron en algún momento muy cerca de Dios, mucho más cerca que los demás. Ha sido un razonamiento reciente que me ha ayudado a ver esta ciudad con más entendimiento y más amor. Dios la pelea, todos los días. Por eso el diablo ha estado aquí y sigue y no se quiere ir.

Finalmente, llegó ese canto tan bello, “Me has seducido, Señor”. Había varias monjitas en la misa y hubo una a la que escuché cantar de sus labios mientras hacía a mi lado la fila para recibir la comunión, “me has seducido, Señor”. En verdad la has seducido y fue hermoso verlo.

Cuídame

Noviembre 5

Me has bañado, Señor. En esta última semana me has lavado toda por dentro. Nunca pudiera uno saber que va a sentir tanta ansiedad y desolación, no se espera. Simplemente llega y queda uno golpeado, tirado en el piso, sin poder levantarse.

Entonces llegas Tú y renuevas, y duele. Y envuelves en vendas, como si tuviéramos heridas vivas, y tomas mis lágrimas en tus manos. Eres un cuidador dedicado y atento.

Aún necesito de tus cuidados. Déjame sentirme más protegida.

Bajaste

Noviembre 9

Que eso no es una obra de teatro, que de verdad Estás ahí, que vamos a comer tu cuerpo y a beber tu sangre, que bajaste.

Bella metáfora o maravillosa realidad. Fe de roca.

Paso y te recibo. Y si la conciencia se apodera de mí y le roba tiempo a la oración y a la entrega, trato de imaginar que sí, que eres Tú, que acabas de hacer parte de mí. Dura tan poco ese razonamiento. Pero yo sí creo que bajaste, que todos los días lo haces y te callejeas el mundo, buscando consolar.

Sorprendida

Noviembre 2

Hace 10 años, por un error que cometí, me alejé de Ti. Recuerdo que 18 meses antes, caí en una depresión que me removió todo por dentro. Y dentro de mis razonamientos y mi débil y angustioso intento por recomponer mis pedazos, escribí a un convento pidiendo un consejo porque consideraba que tal vez quería entrar.

La respuesta muy sabia de la monjita fue, “haber terminado con el novio no es motivo suficiente para entrar a un convento”. Ciertamente que no era motivo. En realidad esa no había sido la intención de la historia, era sólo una parte. Pero no me sentí entendida y no volví a escribir. Y luego me alejé de Ti.

Cuando le relaté la misma historia al padre esta tarde, con error incluido, me sorprendió la manera como empezó su absolución. Sosteniendo su rosario de cuentas de colores, me dijo, fíjate que a mí me pasó lo mismo y mira donde estoy, es como si me estuvieras contando mi historia.

Yo estaba esperando un castigo porque lo que quería era que él se centrara en el error, pero se centró sólo en la primera parte de la historia y en el hecho de que “al alejarme de Dios, me perdí de la bendición que Él me tenía preparada”.

Aún no entiendo porqué ese sacerdote vió en mi historia lo que yo ya había olvidado. En ningún momento le hablé de conventos ni de vocación, sólo quería un castigo.

Pero Tú me sorprendes cuando yo menos lo espero.

 

(…ahora me gustaría saber qué pasó con mi bendición y si la puedo recuperar)

Siempre sumamos

Noviembre 4

El lunes pasado, en la mañana, al doblarme hacia adelante para abrir un cajón que estaba muy bajo, mi espalda se resintió y me avisó lo que venía; por lo menos una semana de estar torcida y adolorida. Y así fue. A los dos días ya no pude más.

Lo curioso fue que esa mañana abrí mi correo y leí el Evangelio: “Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga. Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar”.

Aparte de que mi espíritu se llama escoliosis y que escasamente llevo 11 años con estos episodios y que son esporádicos, así me sentí y hasta sonreí.

En estos días ando como ella, como la mujer de la sinagoga. Me miro en el espejo y observo mi cuerpo y parezco un árbol con sus ramas inclinadas hacia la derecha.

Ese miércoles que ya no pude más, tomé un taxi para ir hasta el médico y curiosamente el taxista tenía una botellita de suero pediátrico porque estaba saliendo de una virosis que lo había tenido muy mal, y me decía, ¡es que sin salud no somos nada, somos como un cero a la izquierda!

Yo no atiné a contestarle. Pero la verdad es que nunca somos un cero a la izquierda. Si tenemos a Dios, siempre sumamos. Así sea sólo para adorarle desde la quietud de una enfermedad. Para acompañarle, hablarle, escucharle, contemplarle. Creería yo que a veces, es cuando sumamos más.

TE AMO.